Las estrellas han llamado la atención de la humanidad desde las épocas más remotas, pero a pesar de haber sido observadas durante siglos su misterio no se empezó a develar hasta hace poco tiempo. De hecho hasta siglos recientes no se pensaba que el Sol fuera una estrella.
Una estrella es una gran esfera compuesta por diversos gases, principalmente hidrógeno. Por lo general se originan en el interior de nebulosas, donde la gravedad va creando varias aglomeraciones de gas que darán nacimiento a una estrella. Al contraerse, los gases se calientan por la presión, y cuando la temperatura y la presión alcanzan un grado suficiente los núcleos de los átomos de hidrógeno se fusionan entre sí, creando átomos de helio.
Esta fusión nuclear libera energía, que impulsa los gases hacia el exterior de la estrella y alcanza un equilibrio con la fuerza de la gravedad. Así la esfera detiene su contracción y empieza a emitir luz y calor, además de diversos tipos de radiación y partículas.
Cada estrella es diferente, pero por comodidad se las puede clasificar según características comunes. A inicios del siglo XX el holandés Ejnar Herztsprung y el estadounidense Henry Norris Russel diseñaron un diagrama en el que se clasificaba a las estrellas según su luminosidad y su temperatura.
Según el diagrama de Hertzsprung Russell, la mayor parte de las estrellas aparecen en una banda llamada secuencia principal. En el extremo de la secuencia principal donde se indica una temperatura y una luminosidad menores están las enanas rojas, más pequeñas y frías que el Sol, y las más abundantes. En el otro extremo están las estrellas azules, mucho más calientes y brillantes. El Sol pertenece también a la secuencia principal, y se halla en un punto intermedio, con las estrellas amarillas y anaranjadas, de brillo y temperatura medias.
En la parte inferior del diagrama, están las enanas blancas, pequeñas estrellas del tamaño de la Tierra pero con la masa del Sol, lo que las hace extremadamente densas. Se cree que son el resultado del final de la vida de estrellas por lo menos ocho veces más masivas que el Sol, y que al agotar sus recursos energéticos se desploman sobre sí mismas.
En una posición opuesta a las enanas blancas están las gigantes rojas. Su temperatura es semejante a las enanas rojas, por lo que están a la derecha en el diagrama, pero su mayor tamaño las hace muy brillantes, así que se sitúan en la parte superior. Aún más arriba se encuentran las estrellas supergigantes, a cuyo lado el Sol aparecería como una esfera minúscula.
Adicionalmente, dependiendo de su color y temperatura, las estrellas se han clasificado ocasionalmente en siete tipos espectrales principales. Las más calientes, que van del azul al blanco, corresponden a los tipos O, B y A. Las estrellas de temperatura regular corresponden a los tipos F, G y K, y son estrellas amarillas ya anaranjadas. Las estrellas más frías y rojas son del tipo M. Cada uno de estos tipos se subdivide a su vez en subtipos designados con números del 0 al 9. El Sol, por ejemplo, es una estrella del tipo G2. Además de estos siete tipos espectrales se utilizan otros para designar estrellas menos usuales. Las estrellas tipo C, por ejemplo, son estrellas semejantes al tipo M, pero que presentan en las espectrografías líneas de absorción correspondientes al carbono.