La palabra nebulosa (del latín nebula, que significa nube) se
refiere a las conglomeraciones de gas y polvo que se encuentran en el espacio entre las estrellas. Su constitución varía mucho, y pueden ser grandes cantidades de hidrógeno, metano y sustancias orgánicas. Aunque todas las nebulosas son diferentes entre sí, resulta útil agruparlas de acuerdo a ciertas características comunes.
Las nebulosas de reflexión son visibles al ser iluminadas por la luz de estrellas cercanas. Las nebulosas de emisión son las más brillantes, gracias a la energía que desprenden las estrellas en su interior. En ellas la nebulosa está tan cerca de las estrellas que por la energía que recibe de ellas empieza a emitir su propia luz. El ejemplo más conocido es la Nebulosa de Orión, en cuyo interior nacen muchas estrellas. Es visible a simple vista, pues aparenta ser una estrella en el centro de la espada de Orión. Incluso con unos prismáticos se puede ver como una nube luminosa.
Las nebulosas oscuras, sin estrellas que las iluminen, son por lo general visibles contra las estrellas del fondo o nebulosas brillantes. Un ejemplo de este tipo de nebulosas es la conocida como Cabeza de Caballo.
Muchas nebulosas son el origen de las estrellas, pero otras son los restos de la muerte de algunas de ellas. Las nebulosas planetarias se producen cuando una estrella gigante roja expulsa sus capas exteriores, dejando en el centro un núcleo moribundo. La materia que se aleja de la estrella es como una pompa de jabón a su alrededor, y dependiendo de varios factores pueden verse como un círculo con una débil estrella en el centro, como en el caso de la nebulosa Anillo.
Otras nebulosas se originan por la explosión de una supernova, en la que los restos de una estrellas son expulsados a gran velocidad por la potencia del estallido. Éste es el caso de la Nebulosa del Cangrejo, lo que queda de una supernova observada en la Tierra en el año 1054.
Hay que recordar que las nebulosas no son masa compactas, como en el caso de las nubes de la Tierra. En realidad, en su interior las partículas pueden estar separadas entre sí por kilómetros de distancia. El hecho de que se vean tan densas se debe a que, debido a la distancia que se encuentran de nosotros, podemos ver grandes extensiones del espacio, conteniendo millones de kilómetros cúbicos.
Con telescopios de 100 a 150 milímetros se pueden localizar una gran cantidad de nebulosas en cielos oscuros y despejados. Una vez localizados se puede incrementar el aumento para poder estudiar sus detalles.