Aunque
hoy en día se crean nuevas tecnologías,
muchas de ellas asombrosas, quizá las más
importantes fueron descubiertas hace miles de años,
en el amanecer de la historia. La humanidad no sería
lo que es hoy sin invenciones tales como la rueda, la
escritura, la agricultura y, por supuesto, el fuego.
El fuego ha sido esencial a lo largo de toda la historia,
pero obviamente su manejo entraña muchos riesgos,
desde pequeñas quemaduras hasta conflagraciones
de ciudades enteras, como lo han probado Roma y Londres.
Por esta razón, paralelo al uso del fuego, se han
desarrollado formas de apagarlo. En la antiguedad se utilizaba
la arena y el agua, y en tiempos más recientes
se fabrican extintores, que si bien pueden pasar años
enteros colgados inútilmente en la pared, en pocos
minutos pueden probar ser de vital importancia.
Para usar y, si es necesario, combatir el fuego, primero
se debe comprender su naturaleza. El fuego es el resultado
de una reacción química, generalmente entre
el oxígeno de la atmósfera y algún
material que funcionaría como combustible. Cuando
alcanzan determinada temperatura, se empiezan a liberar
algunas subtancias del combustible, que se rompen en moléculas
más elementales que a su vez se combinan rápidamente
con el oxígeno, que es un elemento muy activo.
Este proceso químico libera mucha energía,
y es lo que forma las llamas.
Ahora bien, la gasolina, la madera y el papel son combustibles,
pero no se incendian automáticamente al contacto
con el aire. Para que se produzca la combustión
hace falta otro factor, que es el calor. Éste se
puede producir por muchas razones: luz focalizada, fricción,
contacto con un objeto que ya está ardiendo, etc.
En resumen, para que se produzca el fuego se necesita
oxígeno (o algún otro gas), combustible
y calor extremo. Por lo tanto, para apagar el fuego se
necesita remover alguno de estos tres factores.
Remover el combustible puede ser el proceso más
complicado, y con frecuencia implica apartar el material
que no está aún ardiendo y dejar que el
resto sea consumido.
Para remover el calor se suele arrojar agua sobre el fuego,
lo que enfría el combustible hasta debajo del punto
de ignición, interrumpiendo el incendio.
Para remover el oxígeno, se puede cubrir el combustible
con un material no inflamable. El agua funciona también
para este propósito, lo mismo que la arena. Se
puede usar también una manta grande, que apague
el fuego antes de encenderse ella misma.
Los extintores usados para combatir pequeños incendios
son fuertes cilindros de metal que contienen el material
necesario para combatir el fuego. Como muchos de estos
materiales no se pueden almacenar a gran presión
(sobre todo en los extintores que utilizan materiales
secos), dentro del cilindro, en la parte superior, se
encuentra otro cilindro cerrado lleno con gas a presión,
por lo general dióxido de carbono. Además
hay un tubo que va de la boca del extintor hasta la base
del cilindro. El material no escapa gracias a una válvula
en el cuello del cilindro. Además se incluye algún
tipo de sistema de seguridad, como un pin metálico,
para evitar que el material escape accidentalmente al
mover el cilindro.
El sistema es accionado por una palanca, que efectúa
dos acciones. Una es abrir la válvula para que
el material pueda salir. Al mismo tiempo abre el cilindro
interior, con lo que el gas a presión escapa. Este
gas llena inmediatamente la parte superior del extintor,
lo que empuja el material a través del tubo que
llega hasta la base, lo hace subir y finalmente salir
por la boquilla.
Estos extintores incluyen un medidor de presión,
para indicar cuándo hay que recargar el gas, pues
si la presión es muy baja puede ser inefectiva,
al no poder empujar el contenido útil a través
del tubo. Además los extintores debe ser revisados
regularmente, para cerciorarse de su correcto funcionamiento.
Hay muchos tipos de extintor, dependiendo del lugar en
el que se coloque y los posibles peligros. El agua es
el material extinguidor más conocido, y uno de
los más efectivos. Sin embargo puede ser peligrosa
en la situación errónea. Cuando el material
que arde es tela, papel o madera, el agua es segura, pero
no debe usarse cuando se trata de un fuego eléctrico,
pues el agua conduce la electricidad, ni cuando se trata
de combustibles líquidos. Por ejemplo, el petróleo
flota sobre el agua, así que intentar apagar combustibles
de este tipo con agua sólo contribuirá a
expanderlo. Cuando se trata de sustancias químicas
el agua puede incluso empeorar la situación, pues
muchos tipos de reactivos químicos se mezclan explosivamente
con el agua.
Otro material extinguidor popular es el dióxido
de carbono puro, que se mantiene bajo presión en
el cilindro. Este gas es más pesado que el oxígeno,
así que lo desplaza alrededor del combustible.
Es muy usado en restaurantes y en otros sitios pues no
contamina el equipo o los alimentos.
Otros tipos de material usados con frecuencia son químicos
secos, espumas o polvos, hechos con bicarbonato de sodio,
bicarbonato de potasio y otros semejantes. Estos materiales
se descomponen con la temperatura del fuego, liberando
dióxido de carbono.
Hay que tomar siempre en cuenta que los extinguidores
contienen una cantidad limitada de material, por lo que
son útiles para combatir incendios pequeños.
Para desastres mayores siempre se debe contar con el equipo
adecuado del que disponen los bomberos. Además
se debe conseguir el asesoramiento necesario para saber
cuál tipo de extintor es el más adecuado
para el lugar que se desea proteger.