Los termos representan una enorme comodidad en la vida diarias. Con ellos podemos transportar líquidos y alimentos, conservando por largo tiempo su temperatura. En los paseos al campo se puede tener una deliciosa taza de café caliente o refrescarnos con jugo de frutas bien frío.
Cuando se juntan dos objetos con temperaturas diferentes, el calor se transferirá de uno al otro, hasta que ambos alcancen un equilibrio, una temperatura semejante, como cuando se deja una taza de chocolate caliente en una mesa. El calor del chocolate se transferirá al aire, a la taza y un poco a la mesa, hasta alcanzar la temperatura ambiente.
La transferencia de calor se produce de tres formas:
Conducción. Un material caliente transfiere parte de su energía calórica por contacto. Si se calienta el extremo de una cuchara, por ejemplo, el otro extremo se calentaría también por conducción.
Radiación. Un objeto caliente emite radiación infrarroja. Los ojos humanos no la pueden ver, pero la piel la puede sentir. Esta radiación emitida por un objeto caliente puede llegar a otro, donde es absorbida calentando ese objeto. La radiación infrarroja puede ser reflejada por un espejo.
Convección. La convección es una característica de los líquidos y los gases. Cuando una parte del líquido se calienta, tiende a subir por encima del resto del líquido. Si se deja un plato de sopa en una mesa, el aire que está directamente encima se calienta y se eleva. El espacio que deja es llenado por más aire a menor temperatura, que se calienta a su vez repitiendo el ciclo, disipando gran parte de la temperatura de la sopa.
Para que un termo funcione correctamente se necesita disminuir lo más posible estas formas en las que el calor se transmite. Muchos recipientes térmicos utilizan styrofoam para mantener el calor de los líquidos que contienen. El styrofoam no conduce bien el calor, por lo que resulta muy útil para mantener líquidos calientes o fríos, como en las tazas desechables.
Sin embargo hay un método más eficiente para evitar la conducción: el vacío. Como en el vacío no hay átomos (o más bien hay una cantidad muy reducida de átomos), la temperatura no se transmite por contacto o conducción, y como no hay aire o líquido alrededor, se elimina también la convección.
En un termo hay una botella de vidrio en dos capas, separadas por un espacio vacío. De esta manera la temperatura se conserva dentro de la primera capa, pues no hay contacto ni convección que transmita a la segunda capa. Como el vidrio es frágil, se lo colocan en un estuche de plástico, manteniendo la botella en su sitio por la juntura de la boca del termo y en su base. Entre la botella y el estuche hay aire, que es un mal conductor de calor, por lo que se transfiere poca temperatura hacia la capa externa de la botella de vidrio.
En cuanto a la radiación, para reducirla y evitar que mucho del calor se transmita a la botella de vidrio, se hace la botella plateada, como un espejo, que refleja hacia el líquido en su interior el calor que emite por radiación.
Esta combinación de reflexión y vacío reduce el intercambio de temperatura entre el contenido del termo y el medio ambiente, conservando el calor o el frío de los alimentos que se guarden en ella por mucho más tiempo que si se almacenaran en un recipiente ordinario.
Ahora bien, la transferencia de temperatura no es nula. Siempre hay un pequeño intercambio de temperatura, principalmente por la tapa, la base y por las junturas en la boca de la botella. Es por esta razón que, por más eficiente que sea el termo, su contenido siempre acabará por alcanzar la
temperatura ambiente. Sin embargo, el sistema del termo extiende el tiempo en que se llegue al equilibrio de temperatura.