De entre las especies de árboles que habitan en la Tierra, el Ginkgo Biloba se destaca por su antigüedad. Estos árboles aparecieron hace 250 millones de años, durante el periodo Pérmico, al final de la Era Primaria. Es por tanto una especie anterior a los dinosarios. Estos animales crecieron y se convirtieron en los amos del mundo, antes de extinguirse en un cataclismo global, pero el ginkgo resistió. Cuando llegaron los mamíferos, aparecieron otras plantas con sistemas de reproducción más elaborados, y el ginkgo y otras plantas semejantes, que cubrían grandes extensiones del hemisferio norte, fue desplazado poco a poco.
El ginkgo es el único superviviente de esa época. Ha resistido catástrofes, glaciaciones y otros cambios climáticos y plagas durante toda su existencia. No es de estrañar que Charles Darwin lo llamara "fósil viviente".
Aun así esta especie estuvo en peligro de extinción, hasta que en Chekiang, en el sureste de China, fue adoptado por los monjes budistas y plantado alrededor de los monasterios y otros lugares sagrados, extendiéndose poco después en Corea y en Japón. Esto ocurrió por las características del árbol que llamaron la atención de los monjes. El ginkgo produce ejemplares macho y hembra, y cada una de sus hojas parece dividirse en dos. Esto estaba de acuerdo en la visión dualista basada en los conceptos orientales de Yin y Yang. Además, las semillas del ginkgo son el ingrediente principal de una receta tradicional para fiestas y bodas en China.
Valorado como árbol decorativo, las hojas del ginkgo están formadas por agujas, como en los pinos. Pero en el caso del ginkgo estas agujas están unidas y forman un abanico con dos lóbulos. En primavera, los árboles presentan un brillante color verde, y en otoño adquieren un profundo color dorado.
Cuando se analizan las cualidades del árbol, se encuentra la explicación a su supervivencia. A pesar de ser tan primitivos, son extremadamente resistentes a los hongos, los insectos y los microbios. En China se utilizaba para la preparación de antisépticos, y con frecuencia se introducían hojas de ginkgo en los libros para alejar a los insectos. La medicina moderna estudia muchas de las sustancias producidas por este árbol, que pueden servir para combatir enfermedades como el mal de Alzheimer, la pérdida de la audición, las várices, la trombosis, las embolias, la disfunción eréctil y otras dolencias relacionadas con problemas de circulación sanguínea al cerebro.
Para dar una idea de la asombrosa resistencia de este árbol, ocho meses después de la destrucción de la ciudad de Hiroshima con una bomba atómica, entre las cenizas del centro de la ciudad se encontró un ginkgo biloba creciendo saludablemente. Cuando se encuentra un ginkgo en un bosquecillo en Asia o en un jardín botánico, se debe recordar que se está ante una especie que surgió en la tierra antes de la aparición de cualquier criatura que pudiera sugerir que en el futuro llegarían los seres humanos a vivir sobre el planeta.