Siempre que una persona viaja, lleva consigo su propia hambre, y de vez en cuando algo con qué satisfacerla. Hace siglos los viajeros y mercaderes podían encontrar descanso y comida en hostales y casas de huéspedes, donde una familia amable le daba alimento a cambio de un poco de dinero. También estaban las tabernas, pero se dedicaban principalmente a la venta de licores, aunque de vez en cuando se podía encontrar alguna en la que se podía conseguir un poco de comida. El restaurante, lugar en el que se pueden encontrar distintos tipos de comida y un poco de descanso, son una invención relativamente reciente.
El primer establecimiento en el que se puede reconocer el concepto de restaurante fue abierto en la Rue du Poulies, París, Francia, en 1765. El propietario, un mesonero de apellido Boulanger, servía varios platillos acompañados de vino. Para anunciarlo a los transeúntes colocó un cartel en el que se podía leer la siguiente frase en latín vulgar:
Venite ad me omnes qui stomacho laboratis et ego restaurabo vos.
Traducido al español, la frase significa: "Venid a mí, hombre de estómago cansado, y yo os restauraré". La frase tuvo mucho éxito, así como el local. La gente empezó a llamar a estos lugares "restaurantes", donde iban a ser "restaurados". (En Francia se les llama, por su inventor, "boulangeries".)
Pocos años después, en 1782, un ex oficial de la intendencia de los condes de Provenza, llamado Antoine Beauvilliers, abrió un local en el que se podía reconocer un restaurante en el sentido moderno, en la Rue de Richelieu, París. Lo llamó "La Gran Taberna de Londres", con una gran variedad de manjares, un menú y mesas particulares. Todo bien preparado y que aseguró su éxito. Pronto los "restaurants" (pronúnciase "restorán"), se convirtieron no solo en un lugar para satisfacer el hambre sino en centros de reunión social.
Aún hoy se pueden encontrar restaurantes de hace varios siglos que mantienen su actividad. El más antiguo se encuentra en España. Fundado en 1725 como una posada, el dueño original fue un cocinero francés llamado Jean Botín, que realizó una reforma en la planta baja del número 17 de la Calle Cuchilleros. En aquella época se prohibía servir comida en los mesones, y solamente se podía preparar lo que el viajero traía consigo.
Ya en el siglo XIX el Botín de Madrid realizó una nueva reforma en la planta baja para ofrecer a los hambrientos visitantes una variedad de comida, servicio que mantiene todavía hoy.